

Ni te lo imaginas |
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Las más impactantes de la historia
Catástrofes aéreas Dos accidentes tuvieron lugar a cientos de kilómetros de distancia, pero ambos tuvieron la misma causa: un fallo no detectado en los controles del timón que hizo que el avión fuera en dirección contraria a la que pretendía el piloto.
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Mayday, catástrofes aéreas: fuga milagrosa
El 2 de agosto de 2005, en plena tormenta eléctrica y tras un aterrizaje complicado, el Air France 358 se sale de la pista del aeropuerto de Toronto.
Al estrellarse, el motor izquierdo queda envuelto en llamas.
Los 300 pasajeros y tripulantes tienen solo unos segundos para escapar.
Algunas de las salidas de emergencia han quedado bloqueadas por el fuego, y los pasajeros, desesperados, se abren camino a través de las llamas y el humo, cada vez más denso.
En menos de tres minutos todo el avión queda envuelto en llamas.
Descalzos y sin equipaje, los supervivientes empiezan a aparecer en la autopista con más tráfico de Toronto, donde sorprendidos automovilistas los recogen y los llevan de vuelta al aeropuerto.
Milagrosamente, tras el recuento, se sabe que todas las personas que iban a bordo han salido con vida. La investigación revela que el mal tiempo podría no haber sido la única causa del accidente.
El retraso a la hora de conectar el impulso de inversión del motor durante el aterrizaje podría haber hecho perder unos preciosos segundos necesarios para detener el avión.
Sin embargo, lo más importante es que el año pasado hubo otras 37 salidas de pista en las que murieron más de 100 personas.
En algunas ciudades se han instalado sistemas que podrían reducir esa cifra, pero solo si se utilizan bien. Una increíble historia de terror y supervivencia, que plantea importantes retos a la aviación mundial.
 Cayendo del cielo
El 24 de junio de 1982. Durante un vuelo tranquilo a Australia, una noche de verano despejada, al vuelo 009 de British Airways le ocurre lo que parecía imposible: la cabina empieza a llenarse de humo. Los motores se incendian y dejan de funcionar. La tripulación ve como un montón de chispas de luz golpean el parabrisas del avión.
El aparato queda rodeado por una extraña luz blanca. Sin energía, el avión empieza a caer. Cunde el pánico entre los pasajeros. La tripulación no sabe por qué se han parado los motores, ni cómo volver a ponerlos en funcionamiento. Mientras caen a través de la oscuridad, el capitán tiene que tomar una difícil decisión: intentar llegar al aeropuerto más cercano arriesgándose a estrellarse contra las montañas, o intentar un aterrizaje en el mar, extremadamente complicado. Pocos minutos antes de estrellarse en el océano los motores del avión vuelven a funcionar. El aparato consigue llegar hasta el aeropuerto de Halim, en Yakarta. Pero la tripulación se da cuenta de que el parabrisas está muy dañado, lo que les impide ver la pista.
Por fin, tras una noche de terror y sucesos extraños, consiguen tomar tierra sanos y salvos en Halim. Pero siguen desconcertados. ¿Qué fue lo que hizo caer al avión? Los descubrimientos realizados durante la investigación provocaron cambios en la formación de los pilotos y aportaron nuevos datos sobre la influencia de los volcanes en la aviación.
Pánico sobre el Pacífico
El 19 de febrero de 1985 el vuelo 006 de China Airlines se acerca a las costas de California cuando sobreviene el desastre. El fallo del cuarto motor del aparato provoca una reacción en cadena de pequeños problemas que terminan en emergencia general. El avión entra en pérdida y empieza a caer hacia el Pacífico.
Mientras da vueltas y giros, la fuerza de la gravedad hace que la tripulación y los pasajeros, sujetos a sus asientos, pasen un verdadero infierno. Las alas se doblan, las compuertas del tren de aterrizaje salen despedidas, y se rompen partes de la cola. Se pierde el combustible hidráulico, esencial para el aterrizaje. El avión no para de dar vueltas a través de las nubes, y la tripulación está completamente desorientada. En solo dos minutos el avión cae 30.000 pies (9 kilómetros). Por fin, al dejar atrás las nubes, el piloto consigue ver el horizonte. Usándolo como referencia consigue enderezar el avión y sacarlo de su terrorífica trayectoria.
Finalmente el avión aterriza, derramando combustible hidráulico y con la cola dañada. Los pasajeros aclaman al capitán como si fuera un héroe. Sin embargo, los investigadores que analizan lo ocurrido en el Vuelo 006 cuentan una historia diferente. Si bien es cierto que el piloto y la tripulación consiguieron salvar la vida de todos los que iban a bordo, fueron sus errores durante el vuelo los que provocaron el incidente.
Por primera vez, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte analiza los ciclos de sueño y los ciclos circadianos que pusieron a la tripulación y a los pasajeros en una situación muy peligrosa.
Peligro oculto
Estos dos accidentes tuvieron lugar a cientos de kilómetros de distancia (Colorado Springs y Pittsburg) y con varios años de diferencia. Pero ambos tuvieron la misma causa: un fallo no detectado en los controles del timón que hizo que el avión fuera en dirección contraria a la que pretendía el piloto.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte concluyó que el primer accidente había sido provocado por el mal tiempo. Pero tras el segundo accidente la Junta revisó el primero, y al final se emitió un informe de investigación "corregido".
Como resultado del segundo accidente la Junta emitió 22 recomendaciones de seguridad a la FAA (la Administración Federal de Aviación), el 18 de octubre de 1996 y el 20 de febrero de 1997, acerca del funcionamiento del sistema de timón del 737 y de los procedimientos de recuperación de altitud. Además, la Junta emitió tres recomendaciones (una de ellas urgente) el 22 de febrero de 1995, acerca de la necesidad de aumentar la cantidad de datos registrados por las cajas negras.
Esta historia nos muestra que la Junta nunca queda satisfecha con sus informes y estudia constantemente los accidentes para asegurarse de que ningún fallo pase desapercibido. Y nos muestra también la bomba de relojería que, sin saberlo, pasaron por alto durante más de tres años.
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